el pájaro sigue cantando

1)

Cuando uno “esta bien” esta bien en todos lados. Hay una diferencia o “dos” cosas diferentes: la Casa Espiritual y la Casa Física. En mi caso, me siento a gusto con migo…pero no hallo mi Casa Física, sería como “mi lugar en el mundo”. Es por esto siento que voy de aquí para allá, vago, meto narices pero en ningún sitio me entrego, dedico, construyo, asiento… Muchas son las veces que me han hablado de la “raíz en uno”, y si bien en alguna que otra etapa la sentí más… por querer compaginarla con una armonía geográfica levanté vuelo con ella en mi panza pero de algún modo se cayó por el aire.

Arribada a destino venían alegrías con desesperanzas al no sentir “este es mi sitio”. Hace tiempo desnude que el viaje tras viaje, mudanza tras mudanza etc… puede ser el camuflaje de un escapar más que una búsqueda. Válido es por una casa más grande o más chica, un destino de trabajo, un barrio más a gusto… Esto es un “encontrar” luego de una decisión consiente por necesidad. Pero esta la otra búsqueda, “la del desasosiego”, y es en la que hay que detenerse para sensatamente identificar si es “búsqueda de uno mismo” o la del suelo y techo. A mi me pasa que cuando me siento a gusto en un aspecto anda flojo el otro. Hasta el momento jamás fueron sinfónicos… me apena.

Podría decir “si así es en mi: punto”, sin en verdad aceptarlo… Pero no evadiré displacer, siento y sé “a mí toca arreglarlo”. Y escribo “arreglar” porque va de temores, inseguridades, negaciones y cegueras que generan mis propios pensamientos o no ven mis mismos ojos… Es imposible perderse de uno, siempre la cabeza esta sobre el cuerpo y ésta sobre los pies. A lo sumo, lo que hacemos es “olvidarnos”… olvidarnos qué nos gustaba, qué nos hacía feliz… olvidamos cuándo y por qué dejamos de hacerlo, cuándo  desconectamos, dejamos de sentir… qué es lo importante para mi que silencié.

Me adentro en esa nebulosa cuando cuerpo y pensamiento no están juntos en el mismo lugar… Con la energía hay que ser un UNO para poder SER.  Si “aquí” esta mi cuerpo pero no mi energía, la raíz se seca o muere. Con raíz muerta la vida es errante… solo “cuerpo envase” sin función creadora. Hay un alma en pena, un alma triste sin madera para encender con la chispa.

La raíz puede estar activa satisfaciendo la necesidad creadora esté uno dónde esté. Así es al estar a gusto en la Casa Espiritual… Aunque el entorno no te identifique “tu haces igual”; tu brío es más poderoso que las circunstancias y avanzas. Luego te yergues y desplazas procurando mantenerte conectado a la energía divina que nos entra por el cráneo y al pasar por ombligo y pies se adentra en la tierra. Es el modo anímico positivo de “asentarnos” en el presente… una especie de “anclaje de luz”. Cuando así se vive, se esta alineado y esfuman las divisiones de cuerpo, energía y sentimiento. ………..mmmm estas palabras…cuando se calma mi ser, así de sentidas afloran claras en mi frente… incluso con un suave destello de sabiduría. Así y todo,  cuando retorno al contacto del presente directo se fugan. Rápido corren tras las cortinas y me dejan al frente. No entiendo ni comparto su cobardía si juntas somos felices… Toca volver a resolver “teóricamente” el día y ver cómo llevo -algo torpemente- mi vida. 

 

2)

He notado que cuando me siento segura camino suelta, pienso menos y soy más directa. También que a las “cosas” hay que hacerlas y enviarlas al mundo con “intención”. Parece sencillo y no muchos se lo plantean, pero es como “soltar/dar algo” que va envuelto en un círculo energético que dirige aquello al lugar que lo espera. Alma, hacer, intención, presente, energía…Casas…son componentes del juego divino inmaterial que nos rodea y en que estamos inmersos. Da igual qué grado de registro consciente tenemos de nuestro  mundo energético; todo lo que vivimos es lo que toca al presente por su motivación en el pasado que a la vez tonalizará el devenir. Causa y efecto de lo concreto  a la vez que posibilidad de lo impredecible.

Cuando Uno esta bien aunque el entorno no sea amigable, igualmente se sigue generando, produciendo, creando. Si aparece la oportunidad de irte, es como que tu usina creadora seguirá moviendo los engranajes de tu vientre y elevará junto a ti para volar y aterrizar en el otro sitio. El desagrado con el entorno no necesariamente implica  inacción: tu sigues haciendo a tu modo hasta que de allí te vayas.

A mi me pasa que no hago, o deshago, o hago poco o con falta de convicción. Desde hace un tiempo, me he impedido “hacer sin sentirlo”; así he hecho bastante y fui infeliz. Me estoy tomando un tiempo divino de vida hasta sentir que mi usina ha vuelto a activarse. Como quien aguarda mirando en la negra nada, mis oídos y ojos esperan ver el hilo fulguroso que asoma al abrir todo cofre y escuchar el sonido del viento que emana un primer movimiento… pido al universo retornar al “crear evolutivo”. Solo lo “creado” (no lo hecho o producido) tiene “creatividad”, frescura, late amor y posibilidades de “Ser”… Es un gran trabajo con migo misma que implica el volver a hallarme en Mi Casa y en un confort intra-muros para luego trascender la piel.

 

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panza

seguiré caminando muerta de hambre hasta dar con el bocado que alimente a mi alma… renunciando a los  trozos que llenan la boca he hinchan la panza.

La vuelta de Bolivia

febrero del 2010

ISLA DEL SOL

Estaba en Isla del Sol y no podía mirar la luz. Cerré las cortinas de la choza que alquilaba y me hundí en el colchón. El paraíso exterior era insuficiente para tentar a mi cuerpo sin ganas. Clavé la nariz en el polvo y dormí.

Cuando desperté tenía hambre. Lo último que había escupido antes de masticar era un picadillo de pez incierto. La lata decía atún pero su aspecto indescifrable hizo a un amigo arriesgar que “tal vez” fuese pez espada… Aquella noche había preferido el hambre, pero a la mañana siguiente quise comer y salí a pagar por un desayuno. Raro en mi… mi presupuesto nunca daba para servicios. Caminé hacia un lugar que recordaba bonito y allí me senté. En fin, ese día nadie atendería: “la dueña se ha tomado el vino” me dijeron aludiendo a una borrachera enajenante. Seguramente me irrité pero la explicación me pareció de una sensatez divertida  y me fui. Acomodada en otro sitio pedí un té que esperé, pagué y nunca tomé… si no me llevaba hacia la cabaña ardería mi cara al caer en la taza.

Varias horas después -o tal vez menos pero de plomo- con calor y escalofríos, con hambre y sin ganas de comer; me sentía un ácaro gris de la choza tragada por su agujero sin que nadie supiese dónde estaba. Rechacé mi plan de quedarme en la Isla como quien aparta la lana en verano. A mi empecinado mandato de “seguir” se metió bajo la manta el salir de allí, el de volver a tierra y esperar.

Cuando toqué Copacabana los sensores de mi autoconocimiento me dieron alerta: estaba buscado una habitación individual, con baño privado y refrigeración. Siempre roedor mochilero, estirando el dinero para cruzar más fronteras, aquella actitud de “despilfarro” solo podía responder a que algo estaba realmente mal en mi. Obstinados pensamientos azotaban mi voluntad. Le decían  que si la muerte era “ese dolor” yo podría con ellaque no renuncie al andar, a la aventura… Como quijotesco consuelo argumentaban que si moría “así”, moriría en mi ley: sola, viajando y a la distancia…

Encontré una habitación y nuevamente me desplomé ignorando el sol con sus noches. Me tomó unos días sentirme mejor y en el mientras tanto miraba mapas  y trazaba rutas. Pero junto a la idea de cómo prepararía la mochila estaba la sombría y muda sensación de que todo el viaje “había sido mal parido”. Mi trazo mental proyectaba La Paz, Cochabamba y nunca mas Oruro… casi muero en su carnaval… No recuerdo si mi plan seguía por Sucre o Potosí…a los hechos es igual. Con tener  fresco lo que paso hasta Cochabamba, luego da lo mismo un lugar que otro…

 

LA PAZ

Viajé a La Paz con el repelús de quien solo pisa grandes ciudades para abastecerse o hacer conexiones. En mi caso era primordial llamar a casa. Hacia días no me comunicaba y semanas que bollaba por caminos y fronteras de un viaje sin pasaje de vuelta. Entregada al devenir, podía no terminar nunca o concluir en cualquier parte.

Llegué a La Paz y me hospedé. Desayune un té de coca y una empanada tan inflada como vacía. Fui al mercado De Las Brujas y vi fetos en frascos, animales para gualichos y las joyas de plata más lloradas y hermosas que aún no compré. Vi por primera vez pinturas de Eusebio Choque y en ese momento me impactó.  Era un estruendo visual de colores rabiosos cubriendo el ébano de rostros ausentes.  Esos vivos atuendos puneños parecían soslayar abismos de silencio y tristeza (hace poco me topé con trabajos resientes… y sentí repetía una fórmula que le resultó… lástima). De todos modos, no tengo memoria de llamar a casa desde aquella ciudad. Mi recuerdo es haberlo hecho desde Cochabamba a dónde arribé aquella misma noche.

Al bajar del bus me advirtieron había “pillos” callejeando. Me aconsejaron no andar sola, “no meterme”. Me dijeron que muchos se hacían los policías, pedían  documentos y los arrebatan. ¿Dónde hay algún lugar para hacer noche?, pregunté.  Por ahí”…. me respondió un hombre. “Por ahí DÓNDE???”- insistí exigiendo precisiones.  Algo más irritado volvió a extender su brazo  y como quien se sacude el agua de la mano arremetió : “por ahí !”.  El taco de su pronunciación dio punto final al diálogo de sordos y  un “andate a la mierda” le dedique yo… pero fue el bus el que arrancó y me dejo a mi.

 

COCHABAMBINA

Sentía miedo y caminaba con cautela. Pretendiendo disimular la vulnerabilidad, mi mente daba concejos posturales al cuerpo: “no saques pecho, camina erguida pero no altanera; mira desde la distancia para anticiparte; aparenta calma pero estate  atenta…”. Me reafirmaba pensando “a mi solo me roban en mi país ¨ y pedía nada me pase… notaba no tener fuerza para correr.

Di vueltas por calles transitadas que cada vez se volvían más pardas. Pasé por dos pensiones y me dijeron no tener sitio para uno…”solo para dos”… y aunque ofrecía pagar no hubo modo. Me llené de bronca pensando que esa sociedad asquerosamente machista ponía trabas a la mujer que va sola. Ya no tenía muchas opciones: estaba en la resaca de Cochabamba, trasnochada, en calles sucias, oscuras y sin mapa. Al ver un albergue transitorio fui a buscar mi habitación . Sin pinta de prostituta titubeando dije al conserje “la visita llegará más tarde” … y así conseguí mi la llave para uno. Papel higiénico en mano abrí el picaporte, extendí sobre el colchón mi bolsa de dormir y caí. A la mañana me fui.

Me recuerdo incómoda… Caminaba ofuscada por la ciudad y mi rostro tenía un rictus de zanja cavada entre las cejas. No era una viajera abierta al asombro…sino más bien, una forastera gris que impávida  -luego de cruzar la sequedad del desierto- podía asesinar. Andaba emponzoñada… y la oportunidad expectorante llegó con “pseudo-policías” que no fueron tal…

 

ira

Visitaba el centro de la ciudad cuando dos hombres me pararon y pidieron pasaporte. Me permití mirarlos con desdén: era más alta, blanca y esbelta. Punto! Frente al agente que se dirigía con las manos en el cinto y elevaba el mentón al hablar pensé: “este se hace el macho porque esta acompañado”… mi conciencia muerta siquiera reaccionó a mi ególatra sensación de superioridad.

-“Documento por qué”, contesté con tupé.

-“Por control”, respondió

-¿De que?, insistí con un tono que evidenciaba mi rechazo.

-“Si entró legal o no

Podría haber prolongado ese diálogo bizantino pero ya me había aburrido. Saque fotocopias del pasaporte y se las di. Mientras las miraba dos más se acercaron y me sentí acorralaban… no me gustó. Lejos de intimidarme lo que me parecía masculina cobardía de grupo, me engrané como león encolerizado listo para dar el zarpazo.

Originales”,  casi me grito. Y más fuerte respondí: “NO, originales NO. ¿Qué querés? robármelos?!!!”… me despaché.

Me encerraron entre los cuatro y entonces fui tempestad: “a dónde pensás que vas“ comensé gritando a uno… No era mi país, mi tierra, nadie me conocía, nada me importaba. Me sentía impune y permití ser iracunda en el escándalo que pudiera armar… es más: lo justificaba por ser aquel un intento de robo identitario con modos detestables. La cosa comenzó a espesarse y adrede yo levantaba más el tono de vos – a nadie gusta le armen un escándalo. Pensaba en dejar al descubierto a esos rateros. Uno me miraba con espanto, el enano pretencioso hablaba por handy y otro había comenzado con esa perorata  pastelosa de “señorita por favor, cálmese, señorita por favor escuche…señorita, señorita…”

– “Pero idiota!!! actúas en una novela latina??? Cállate!!!!!! le rugí.”

Señorita si no coopera la vamos a tener que llevar a la comisaría

– Sí ???!!! vamos TODOS a la comisaría!!! yo, vos, vos, este y la vieja que mira !!!

– Señorita, voy a tener que llamar al sargento

– Decidite: me mandas en cana (carcel) o llamas al sargento?!!!

 Y ahí llamó al Sargento…el cual era real, formal y se hizo presente.

Al verlo mis aguas se calmaron. Estaba de uniforme y tenía porte. Bien puestas sus charreteras, llegó y se presentó  “cómo tiene que ser”. “Sargento Cuellar”; extendió su mano, me mostró su credencial y pidió los documentos que di sin chistar. Me había vuelto seda ante el dueño del circo y al mono quería hacer sentir su inmundicia. “A él SI, a vos NO”  pretendía transmitirle con mi actitud polar. La verdad… fue una sumisión instintiva de hembra que huele al macho indicado para perpetuar la especie: yo tan dispuesta, él tan correcto…Pero al instante que me devolvió los papeles pinché la nube de mis idioteces y me fui.

Alejada unas calles y vuelta “en mí” me desconocía… A conciencia había encarado el hecho como oportunidad para vomitar y lejos de frenarme la idea de choque me había potenciado. Sentí liberar lo visceral hasta tener deseos de morderlos… pero calmadas las aguas la sensación de que todo estaba mal me abatió nuevamente. Recordé que el motivo de aquella caminata era encontrar un teléfono para llamar a casa… necesitaba cariño y deseaba hablar con mamá.

 

amargura

Lejos del remanso que buscaba, desde su “hola” note opaca la voz y sentí no era momento para relajarme. A su sencillo saludo continuó alguna pregunta de viaje que conteste lacónicamente.

-¿“Qué pasa”? pregunté. Con tono forzadamente calmo comentó que mi padre había tenido un pico de presión. Y aunque negó todas las veces que algo grave pasaba, ya no prestaba atención a sus palabras. Me concentré en agudizar el oído para  percibir lo que ella callaba…

Con intención de no alarmarme mi madre había minimizado todo hasta la incongruencia. Mi padre de 77 años que jamás había tenido presión, ahora estaba durmiendo con reposo absoluto en la casa… y no era grave. -“Me estas diciendo la verdad?” pregunté . – “Si…” dijo,  -¿“regreso?”, -“no…” me respondió.

No le creí nada. Intuí la cola de la mentira escapaba bajo su miedo. Fría y gris colgué.

El viaje me era molesto y a falta de entusiasmo crecía en mí una semilla de intranquilidad. Aquel día fui una brújula desimantada encallada en Cochabamba y al no saber qué hacer, decidí por lo que sentía: comenzaría  a bajar.

 

sangre

Viajé a Sucre por la mañana en el único bus que saldría. Cuando no hay para elegir, la necesidad bien educada acepta sin quejas mosquitos, gallinas, polvo, flatulencias y sudor… Era tal mi fatiga que me preguntaba si por el mismo precio podría viajar con los que dormían en la baulera. Dos veces se rompió el micro y continuó. Pero a la tercera se entercó.

Era enero y las rías que anteriormente fueron hilos, por las lluvias habían tornado en arroyo hasta ser vendaval. En estampida lateral corrían las aguas por las márgenes escupiendo piedra y devorando su barro. En estos mundos de “solo existir” la Prevención es una belleza exótica en la tierra de los Hechos: se deja “que todo suceda”. Luego se buscará la solución y si no se encuentra… con el tiempo cada accidente será fagocitado por la costumbre hasta volverlo paisaje. Daba igual si el camino cruzaba al arrollo o el arrollo al camino; simplemente el micro tenía que ir por allí para llegar a Sucre.

Hablaban entre ellos, miraban el caudal y metían palos para tantear el fondo que la corriente les arrancaba. Palabras van, gritos vienen…noche cerrada sin luces y farolas apagadas para no gastar. Inmensidad de altiplanicie y tropilla de galope correntoso bajar. Había que hacer algo: seguir, esperar, retroceder… Nada estaba claro pero todo se fue al carajo cuando vi ataban a un hombre por la cintura y aseguraban el extremo opuesto de la soga a un bus. No podía dar crédito a lo que de inmediato interpreté  ocurriría…

Ni Moisés, ni un buzo, ni Tarzan: un tipo pequeño, con gafas grandes, gorra hasta las cejas y sonrisa boba…Dostoievski diría “El idiota”. Hasta eso me parecía inverosímil: la elección de un idiota –como en las películas- en vez de proteger al débil y apurar al fuerte. El hombre pisó la margen, camino hacia el agua sumergió su cintura y continuó.

Desde fuera vivaban el pellejo ajeno… Había leído Macondo pero sentía lo estaba viviendo. Prendieron las farolas de un bus para seguir la acción y todo fue dantesco: la soga se estrangulaba, se bamboleaba, el hombrecito desaparecía y la gorra saltaba. Se veían sus piernas volar y otra corriente lo volvía al vertical. La multitud arengaba gritando despellejada. Cuando fue suficiente revuelque la turba satisfecha lo jaló. El desgraciado en su gloria tartamudeó “esperar corriente baje” .

 …. Horas luego se reanudaría la marcha. Legué a Sucre por la tarde con todos los desarmes de un mal viaje y compré pasaje a Potosi en el bus de la noche.

Ya en camino miré por la ventana del micro hasta ver desaparecer la luz más remota. El bus me masticó con el rugir de su motor escalando ripio y la noche sin luna me tragó en su negro sin fin. En esa inmensidad de acostumbrada desolación una aguja me pinchaba: “mi padre”. No tenía novedades ni cómo comunicarme. Había pasado tiempo desde Cochabamba y mi sensación jamás había mermado. Recurrí a lo único que podía hacer: visualizarlo… La imagen fue absoluta: mi padre había muerto.

Su rostro incrustado en un plano rojo se mecía entre tinieblas enmarcado en un bloque cúbico de granito gris. Sentí el frío feroz del altiplano y el silencio nocturno que cortaba a su encuentro. No lloré… por precaución quise visualizar a mamá a quien sabia viva. Manchas color ámbar con destellos de luz chorreaban sobre un fondo celeste…energía.

Entendí se encontraban en planos diferentes y  supe que debía bajar de inmediato a mi país. La vida se había pronunciado a través de la muerte… y dormí.

 

EL VIAJE

Temprano, cuando el bus tocó la ciudad y yo despertaba mis ojos, un espanto bruto como macabro me recibía. El camino a la terminal por los arrabales del mercado ofrecía moscas con sus puestos de carne y decenas de reces desangrándose de garganta a ano… Desafiando el asco, seguía con la mirada hilos carmín entre el adoquinado que se unían en bruto embalse cloacal. Volví a pensar en Macondo… pero note en mí la impavidez indiferente de Pedro Páramo.

Llegada a la terminal y antes de poner los dos pies al suelo tenía pasaje a Tupiza. Previo a comprar había preguntado toda combinación posible y tras aceptar la deficiencia del transporte público, resignada y sin opciones; pagué asiento para la próxima salida. No estaba conforme… era para la mañana siguiente y eso implicaba perder todo un día.

Llame a casa pretendiendo certezas pero igualmente me negaron “lo que ya sabía”. Entre evasivas y la sugerencia de “mejor regresá”,  mi hermana hablaba de desmejoras y dilataba la muerte. Pero luego mi madre –que en ese momento  tampoco tuvo el coraje- fue categórica: “venite”. Corté, ardí y  de nuevo no lloré.

Tome un bus a la capital de Potosí para buscar y pagar un aéreo. Pero la única agencia de la ciudad nunca abrió. Eran las 11 h, un cartel prometía a las 10 y  pensé que tal vez esa dueña también “se había tomado el vino”. Regresé a la terminal para buscar mi equipaje, olvidé comer y salí por un taxi.

Lléveme al cruce de camiones que va para la frontera.

…mire que pasan pocos… es arriesgado…Después de las 14 hs no camina ninguno.

Calculé  que si a las 14h no me levantaba nadie podría desandar los kilómetros hasta el pueblo, rezar, robar un auto o irme al cielo…”vamos”.

Tras una subida “demasiado” ripio arriba pasaba el camino. El taxi me dejo junto a un cartel, arrancó y a los pocos metros paró. El auto no funcionaba…no pensé en ser un talismán de mala suerte, sino en que en ese país estaba todo atado con alambre, sin mantenimiento y gastado. Agradecí, porque aunque lo imposible me estuviera pisando los talones, yo llegaba a mis destinos. El coche y su desgraciado descendieron sin motor quedándome yo al viento. Sola, sin comida y al sol, iniciaba mi viaje.

Pasaron las horas, pasaron algunos que no pararon y otro que sí pero me dieron desconfianza. No barajaba alternativas: debía llegar. Haría lo que haya que hacer en el nombre del padre. De ahí no me movería hasta que aparezca mi camión…y apareció.

Dudó, pasó de largo unos metros y luego paró. Saltó de la cabina un hombre pequeño de rasgos orientales. Le dije que iba a la frontera y contestó que llegaban hasta Tupiza. Acepté, cuanto antes me pusiera en movimiento mejor. – “Luego arregla el precio con el conductor. Viajará atrás?”

Si.        

Son muchas horas…

…¿?

cómo quiera… suba.

 A nada flaqueé. Nunca me habían pedido pago  por un viaje en dedo… pero no me importó. Había aprendido que en la pobreza de todo se hace un duro[2]. Lo que sí me desconcertó fue la monstruosa dimensión del camión. Era de minería y esto implicaba sea cinco veces más grande en sus atributos. Más fuerza, más rueda, más hierro, más alto, más motor, más espanto, más infierno… Sentí todo estaba en sintonía con mi desafinada realidad.

No tenía qué comer, había regalado las galletas que me quedaban y casi me faltaba agua. Yo…fumaba y meditaba. Me sabía acompañada por mi padre, lo sentía aún tibio. Esto me alimentaba y daba paz.

La mole pasaba por poblados que jamás hubiera encontrado yo. Estoy segura son el destino de ningún mapa, siquiera existía camino. Como si de un mundo fantasma o paralelo se tratara, no había indicaciones, mojones, nombres…bienvenidas.  Andaba la Bolivia profunda, la humanidad en carne y fibras. Me di cuenta el camión era el “bus” esperado que allí no llegaba. Estaban a mano: el conductor se hacía su changa[3] y ellos mantenían un último respiro ante el aislamiento..

Ayudé a subir gallinas, quedé en medio de conversaciones en aimara, durmió entre mi brazos una niña. Levante cestas de mazorca para luego bajarlas…sin ganas intenté responder preguntas que me llegaban. Comenzó a llover, sentí la lluvia me empapaba y pensé que el agua ya se secaría. Me mantuve tranquila y sentada con las piernas cruzadas; la espalda erguida y cada tanto ahogaba suspiros. A veces, cuando abría los ojos, me paraba sobre unos bultos para sobrepasar la caja y mirar la nada…o las chozas, o los nenes que saludaban…o algún animal que corría espantado y se alejaba…o la inmensidad de la soledad que ya era carne, compañera de vida y viaje.

No sabia qué hora era pero notaba el tiempo avanzaba. El celeste se había ido serrando hasta que la oscuridad fue manto. En un alto del camino subió un chico: “Bladimir “ dijo, …y me pregunté qué hacia alguien tan boliviano con nombre tan ruso.

O estaría aburrido, o era sociable o simplemente un alma pura que percibió no le haría daño. Bladimir comenzó a hablarme y preguntar. No entendía eso de viajar”. ¿”Cómo era?”, ¿”a dónde uno se iba cuando se alejaba…“,” si la gente cambiaba, si yo tenía miedo de olvidar cómo volver. Qué se comía en otros lados…” No se qué habrá sido de su vida… pero a tan joven edad, Bladimir tenia determinada su existencia: trabajar en la cosecha para todos los meses bajar a Tupiza a pagar los estudios y manutención de su hermano. “Cuando mi hermano sea grande y viaje, volverá para contarme  muchas cosas”… Y así Bladimir conoció de mí alguna costumbre del país que le quedaba al lado. Se excitaba cuando le contaba del carnaval de Oruro y para estar a tono con la conversación me confesó conocer a un “hombre que vivía en La Paz”. En mi desgracia, para él yo era un Dios…y en su naturalidad e inocencia, para mi él era la belleza auténtica.

Se disipaba mi cielo gris: yo volvía a casa por una muerte ley de vida y él solo conocía la cosecha, la caja de un camión y los relatos que del mundo le narraban. Cuando nos detuvimos para que baje respetuoso y tímido me dio un beso en la mejilla. Recuerdo al acercarse vi mejor su cara romboide de grandes pómulos, ojos almendro y piel ajada. Al solo rosar mi rostro retiró sus labios al unísono de un cuerpo que vergonzoso se incorporaba veloz. Antes de bajar se volvió, me miró y deseó “que llegue bien”.

Tras dos horas de viaje sin luna el camión paró. “Abajo” dijo el grito y cholas y aguayos se movilizaron. Fin del viaje.

Salté y no reconocía dónde estaba. El acompañante se acercó y dijo “Tupiza”…Pero no era lo que yo recordaba. Estábamos en las afueras de la ciudad y había que caminar bastante hasta la terminal. Con suerte y todos los santos conseguiría un bus que me lleve a la frontera antes de media noche. Se nos acercó el conductor a buscar su dinero y le pagué algo menos de lo que pedía. Yo atesoraba poco cambio y justificados motivos para regatear. Trataba de reservar todo billete posible para los viajes de vuelta… comprados a última hora todo pasaje costaría más. No hubo queja y guardó el pago. Pregunté el camino a la terminal y como era tarde el acompañante me ofreció quedarme en su casa.  Reaccioné con rechazo inmediato. Si bien podría haber hospitalidad, tal vez también algo de argucia. Los tantos se aclararon cuando dije “mi papá murió, viajo a su entierro”. Los descuadré…Ni una mueca esboce, ni un pelo se me movió. Ante la muerte me tomaron en serio y su cambio gestual delató intenciones. Miró al piso, levantó los ojos y me dijo: “voy al centro, sígame”. El chofer me deseó buena suerte y se fue.

 

CARNAVAL

Comencé a seguir al acompañante –a esta altura ya sabía era japonés e ingeniero en minas-  que llevaba paso acelerado generando una distancia agotadora. Él, delgado y ágil, conocía del camino. Yo, con ropa mojada, un hambre olvidado y mi gran mochila a cuestas; daba tumbos laterales entre diablos que me venían de frente. Era febrero, pleno carnaval…disfrazados  y machados[4] se me estrellaban como moscas contra el radiador…dantesco. Agarraban mis manos para bailar y alguna mujer les tiraba bronca de celos. Yo caminaba cual cazador artero siguiendo el rastro oriental. Nunca cielo e infierno se me habían juntado de modo tan material.

Atravesado el puente de ingreso a la ciudad me indicó la terminal al final de un camino de lodo. Hizo un alto, me esperó y dijo: “ vaya a averiguar” y fui.

No había bus. El nocturno se había suspendido por la indisposición de caminos y  nada marcharía hasta nuevo aviso. La lluvia había enlodado la tierra que arrastrando piedras formó aludes abnegando rutas. Nadie arriesgaría  quedarse varado, romper los vehículos o perderse la fiesta… La única salida era un taxi hasta la frontera.

-“Nadie querrá llevarla, nadie arriesgará…” me alentaba el japonés. Igualmente lo intentaría.

El cielo espiritual reinante en mi mente cedió al diablo el cuerpo. Si con pagar no bastaría: rogaría, extorsionaría… amenazaría con fuerza.  Permaneció el japonés un rato junto a mí mientras pedía a taxistas me lleven a la frontera. Lamenté a gritos que nadie accediera y fui toda desesperanza. Seguí interpelando a choferes y ante la negativa busque al ingeniero para preguntarle si tenía algún amigo con coche… pero se había ido. Me encontré sola entre diablos mamados y una fiesta con las últimas voces de retirada. Así no conseguiría nada… y fui tornado.

Metí con ahínco los gemelos en el lodo de una rotonda que inundada ya no tenía pasto. La  cruzaba marcando rectas corriendo de auto a auto y ponía delante de taxis para impedir arranquen golpeándoles el capó para llamar la atención. Ya no pregunta,  directamente clamaba: “Llevame a la frontera”.

Los pasajeros opinaban…”es peligroso, están mal los caminos”…”con usted no estoy hablando! Sr. chofer: lléveme a la frontera!!!”.  Más de uno aceleró huyendo salpicándome hasta el rostro. No me detuve, solo me endiablaba más. Era carnaval y todo valía en la tierra.

Vi que un auto bajaba al pasaje mientras otros esperaban para abordar.  Me apuré hasta la ventana del chofer y le dije “llevame a la frontera, cuánto querés?”, “¿… a la frontera? nooo, no se…”.  Los pasajeros ya estaban arriba. Tiró una cifra elevada y dije que se la pagaba. Cabeceó dudando y me dijo: los dejo a ellos y regreso. “Regresa, tengo tu dinero”. Arrancó y yo seguí intentando forzar otras voluntades. La plata podría ser de él o de cualquiera… Más al rato largo apareció, no dónde habíamos hablado, sino más lejos. Intuí se estaba tirando atrás. Corrí rápido hasta el auto para evitar otros se metan. Abrí la puerta y entré. ¡“Aca estoy”!. “Los llevo a ellos y vuelvo…”. ”Voy con vos, no me importa. Los dejas y salimos”, “…pero tengo que buscar el auxilio y botiquín por si me para la caminera…”; ”buscalo, te acompaño”.

La demás gente del coche escuchaba sin participar ni entender. Arrancó sin preguntar direcciones y nadie se animaba a hablar. Yo era una forastera y aquel un pueblo chico dónde todo se sabe y conoce. Al día siguiente estaría en los comentarios y habladurías… no me importaba si con eso se divertirían.

Cuando bajaron una señora mayor se volvió a mi ventanilla a preguntarme: “por que estas tan apurada en llegar?”; -“… se murió mi padre, quiero velarlo”. Me sentí Judas. Sin tener confirmación ya lo había dado por muerto tres veces. “Vas a llegar…”, –“gracias”. El taxi siguió, se detuvo a pocas calles para dejar pasaje y no arrancó.  “Los caminos están cortados, desechos…no se pueden transitar…”. Yo no decía nada. “…tengo que llevar auxilio y botiquín para no tener problemas…”. Seguía muda… “tengo que preguntarle a mi pareja porque sino piensa que me voy de fiesta.” Mirada dura sin palabras de mi parte… No se si puteo o le pidió a Dios… pero arrancamos.

En la orilla de la ciudad llegamos a una casita esquinera con la vereda rota y lucecitas colgando. Nos detuvimos. Por “si las dudas”, mi mano derecha dentro del bolsillo  ya había empuñado la navaja. Si el conductor intentaba algo podría “defenderme”, robar el auto y alegar que fue en resguardo personal sumándole  la necesidad y urgencia…En ese instante, tuve un reflejo brutal del cual luego tomé conciencia.

En espejo con el movimiento de su cuerpo girando hacia mi, destrabé la navaja ya al costado de mi muslo y por infinitésimas de segundo no la hice a la luz al percibir que solo pretendía hablarme. Creo recordar dijo… “voy a preguntarle a mi pareja” y bajó mientras yo registraba que en el instante inmediatamente anterior yo había sido un real peligro para él. Me asumí capaz de todo y noté que uno se ignora hasta que las circunstancias lo demandan.

De la casita comenzaron a escucharse palabras y después gritos. De tanto en tanto una mujer asomaba para mirarme. En un momento salió y se acercó a mi. -“Hola, va para la frontera?” , -“Si…” .Creo no hizo más preguntas al notar que en mi estado linyera nadie tendría una aventura. Regresó a la casa, siguieron algunos gritos y mi paciencia sin vueltas salió del auto. Golpee a la puerta, la abrieron. “Vamos, que esta muerto. Que no llego”, dije tranquila. Ariel, el chofer, agarró rueda de auxilio, botiquín y metió todo en el baúl. Ella -no recuerdo cómo se llamaba- se quedó dura.

Ariel y yo salimos y aunque nos metimos al auto él no arranco. Era algo que me excedía… él esperaba la aprobación de ella manifestada en compañía. Al minuto salió la mujer bien vestida, con algún bolso colgando y una criatura de la mano. “Nos vamos todos a la Quiaca” me dijo y al fin dio marcha.

Nadie hablaba. Ellos habían resuelto en su código y yo estaba…ausente. Si viajaba rodeada de estiércol o con chanchos tampoco me importaba. Pero todo no estaba tan resuelto. Ariel no me prometía nada…”tengo que ir preguntando a los controles si se puede pasar…cayó mucha agua. Sino… quedaremos atrapados”.

Era un camino de postas. Cada tantos kilómetros escuchaba la fritura del handy para preguntar a algún Cavo o Sargento “cómo anda el camino por allá?” y un resonar rasposo y altiplanado respondía “abierto, complicado… entero” etc… Con cada pregunta de radio sentía la palpitación fría de la soga al cuello antes de patear el banco. Con cada “permitido” liberaba una respiración profunda de alivio tras el subir de una bilis nerviosa.

…Bajo la misma bóveda, igual camino,  nula distancia y exacto lugar; mientras uno vive el tormento el otro tal vez la alegría.

Para la humildad de ambos lados de la frontera, cruzar la línea es sinónimo de libertad/libertinaje, de fiesta grande. Es escapar, alejarse por un rato del hastío del pueblo chico, de las mismas caras, ropas, rocas, tranzas, vergüenzas, engaños, bajezas…para irse unos kilómetros “más allá” a encontrar…las mismas caras, miserias, risas, bajezas y parientes bajo otra bandera. Lo que para mi eran kilómetros de un calvario, para ellos era el camino a la gasolinera dónde recoger amigos para ir de fiesta. Si al llegar estaban allí esperando no habría nada para decir. Compartiríamos auto, no la vida. Yo había hecho lo mismo unas horas antes por necesidad. Pero arribamos a la estación y no había nadie esperando. Ariel cargó combustible, dio aire a los neumáticos y limpió el parabrisas…ya no había más escusas para perder tiempo.

La pareja hizo un llamado, apuró a los amigos y comentó “ahora vienen”. El “ahora” no fue tal y tras un rato prudencial me sulfuré. La dolida era yo, la apurada era yo… la que pagaba el taxi que serviría “de bus” para que se vayan de joda y ponía el dinero para que se compren tragos era “yo”….encima esperar?… De ningún modo!

Disculpame, vos crees que me tomo un taxi y pago una fortuna porque me gusta? Se murió mi viejo, quiero llegar a velarlo y vos estas esperando a tus amigos para ir de joda?!!!! Arrancá por favor!!!!.  Primera y salimos.

Los sentí a ellos mis lacayos y yo la nube negra de la autoridad sentada atrás. En mi código ético lo que habían hecho era de supina indiferencia. Si no fuera por la extrema necesidad y convicción de lo que hacía, me hubiera sido imposible seguir respirando el aire tenso y sin oxígeno de ese auto. Las disculpas vergonzosas pero sensatas de la mujer, flor y madre, me fueron ofrecidas en forma de yogurt. Sin decir palabra extendió el brazo y me lo acercó. Yo reaccioné cuando del lateral de mi ojo percibí algo se movía. La miré y suave fue la curva de sus labios pidiendo perdón. Dije gracias sin resquemor y lentamente saboree eso que semejaba un premio en tanta tristeza.

Llegamos a la frontera Villazón – La Quiaca pasada media noche. Bajamos del auto y le agradecí a Ariel. Le di todo el dinero en peso boliviano que tenía. Por suerte era más de lo que me había pedido. Ella me abrazo fuerte y sonrió. Pero aún no era tiempo de entregarme a un abrigo contenedor; sería mi desarme y todavía faltaba viaje. Llevaba ni una gota llorada, en cada estremecimiento de ojos había respirado fuerte y profundo para tragar. Cargaba emoción y sentimientos contenidos. Toda mi sangre estaba activa en la cabeza dejando al cuerpo y corazón fríos. “Buena suerte y adiós Ariel, gracias…”.

Me direccioné hacia la frontera y mientras yo me acercaba a ésta hacia mi lo hacía un gendarme:

-“Que hace m´hija, la frontera esta cerrada”.

-“Disculpe Cabo, concédame el tránsito vecinal (saqué el documento y se lo mostré al momento que agregaba) en Buenos Aires paso y me registro en “El Centinela”.

Fue un recurso fanfarrón y efectivo de anticuerpos sumados en una vida pasada. Había trabajado para Gendarmería, había leído en su charretera su bajo rango y escuchado su acento provinciano…unir Buenos Aires y El Centinela – edificio central de aquella fuerza de seguridad en la capital del país- empequeñece bastante al subalterno como para permitirme pasar sin preguntar más.

Cabo, vienen taxis a esta hora? se puede llamar uno?

– …a esta hora é difícil pasen…

Dicho esto, Dios materializado en la tierra apareció en forma de Toyota descargando pasajeros.

tiene suerte…

hágale señas!!!! Le agradecí y me fui corriendo en lo que era para mi una costumbre de las últimas horas: irrumpir, abordar y ordenar.

 

EN EL PAÍS

 Hola, regresas al centro?, pregunté al chofer.

– Si…pero tengo que dejarlos a ellos.

– Ah, no me importa (le dije minimizando el hecho) los acompaño y me llevas .

Subí, cerré la puerta y arrancó. Yo olía muy mal y mi mochila aplastaba a los demás. Los sentí rehenes de mi macabra representación: mi voz y actitud forzadamente despreocupadas camuflaban al cuerpo que iba al entierro. Nadie hablaba…creo estaban entre intimidados e incómodos. Cuando se bajó el pasaje y rumbo a la ciudad fue momento de abrir mi boca “…sabes dónde hay un teléfono público?”,  “…mmm a esta hora…a ver…”.  Dio un par de vueltas por diferentes bares por si entre los cerrados había uno abierto. También le pregunté por alguna pensión y respondió ignorarlo. Sentí yo conocía la ciudad más que él . “Es que soy de Volcán…” me dijo como tímida disculpa. Pero por suerte una manzana se le calló: “en la terminal hay cabinas”.

Llegamos a la estación, le pagué y despedí. Si carecía de datos útiles para mi daba igual quedarme con él qué buscarme la vida por allí. Sin permitirme el desánimo caminé hacia el sector de boleterías. La suerte -que a veces responde con coincidencias o causalidades- dejó para mi una oficina despierta. Dos empleadas hacían el recuento de caja y al notarme se sobresaltaron. A esa hora yo era intrusa en casa ajena… pero si a mi tocaba ignorar toda razón, el destino sabía por qué tenía que ser así…

Hola… buenas noches, hay algún teléfono público?

-….tenés que hacer un llamado urgente?

– Si, lo necesito.

Supongo la mujer vió la necesidad en mis ojos. Metió su mano en el bolsillo y sacando una llave dijo: …”anda Florencia, abrile el locutorio” …y Florencia obedeció.

Cuando agarre el tubo para marcar temblaba de nervios. Mi saco a presión no aguantaba más… Comenzaba a aflojárseme el cuerpo sabiendo en breve escucharía a mi madre confirmar sensaciones aplastando toda duda… toda ínfima posibilidad de vida. El teléfono llamó y con eso fue suficiente: toda casa de familia dónde da “ocupado” a las 3 de la madrugada tiene algún problema…Entonces marqué a una de mis hermanas que atendió rápido y sin sueño:

Hola…

-Hola hermana, soy yo, ya estoy aca. Papá murió?

-Dónde estas?!!!

-En el norte, recién entro al país. Papá murió?

-…venite rápido…

_ Hermana!!!! Papá murió???!!

-…. (nada y el silencio de la angustia en la garganta)…si…falleció ayer a la noche.  Estoy llevando a las tías a su casa, volvemos del velatorio.

-…lo lamento mucho hermana, te doy mi pésame. Voy para allá. Y corte.

Llame nuevamente a mi casa para darle las condolencias a mi madre y decirle estaba en camino. Al salir de la cabina Florencia ya no estaba y en su lugar me aguardaba la mujer mayor.

-… le puedo  contar algo…? Le pregunté.

-…si…

-…falleció mi papá… Y al fin lloré.

Sus brazos fueron mi primer desahogo. Consiente de que no me pertenecían y sin querer incomodar, fui apaciguando mi congoja hasta recuperar una compostura básica. Creo se llamaba Patricia y le consulté si sabía de algún lugar dónde podía hacer noche. Me dijo tenía una amiga que alquilaba habitaciones, que podíamos intentar aunque fuera tarde. La acompañé a cerrar la boletería y caminamos calle abajo sobre el húmedo empedrado. En un pasaje peatonal recientemente embellecido tocó timbre.

Vos no te preocupes suele quedarse hasta tarde… me dijo.

La amiga salió y sonrió sorprendida al encontrar a Patricia; más al ver que no le devolvía el gesto se calló.  Patricia me presentó y le comentó la situación. La mujer se acercó, me abrazó y algunas lágrimas más liberé. De buen modo me preguntó cuanto tenía pensado gastar, le dije que poco. Que tenía que comprarme los aéreos para regresar. Le ofrecí  $30, me dijo que las habitaciones costaban $120…pero que me la dejaba igual. Acepté, agradecí a Patricia, despedí y entré.

Pagué en el momento y rechacé el ofrecimiento de comida y agua caliente. También el de despertarme por la mañana con el desayuno. “Con bañarme y dormir esta bien, gracias. Mañana me iré muy temprano. Donde le dejo la llave?”, –“Dejala en la puerta”. Y así fue. Esa noche, triste, muy sola pero con templanza, tuve miedo de ver el espíritu de mi padre. Sabiéndolo muerto y yo en ese desasosiego imaginaba me visitaría…Evité mirar espejos y estar a oscuras en el cuarto. Creo hasta me tapé la cabeza por miedo a sentir un beso frío. Siento no temerle a la muerte, pero me hielan sus visiones.

Al despertar me cambié y salí. Era verano y hacia calor desde temprano. Regresé a la misma terminal de bus dónde la noche anterior había encontrado ayuda y  escuchado certezas. Saque pasaje a San Salvador, allí podría tomar un avión. En el bus me toco la ventana… la prefiero antes que el independiente y poco distractivo pasillo. Siempre tengo igual modo de apoyar la frente contra el vidrio e ir mirando el pasto, el cielo…las casas y sumergirme en  alguna melodía como si estuviera sedada… No recuerdo el inicio de la conversación, pero desde el costado alguien me habló. Siempre surgen las palabras cuando te ves joven, algo rota, aventurera y viajando sola. Lo más típico es “de dónde venís, a dónde vas?”. Pero toda charla era indeseada esa mañana y mis respuestas eran lacónicamente reservadas: Bolivia –San Salvador

 – Y luego seguís viaje?

No…regreso a Buenos Aires.

En bus?

No …tengo que comprar el aéreo…

 jajaja. Cómo, viajas hoy y no lo tenés?”

– …No

Yo hago lo mismo, siempre a último momento improviso.

Algo de esta frase –aunque dicho sin maldad- me pateó. Yo no era persona de “último momento…”. Mi padre, el muerto,  siempre me había dicho que “no sea una improvisada”.

– “Falleció mi padre ayer. Me enteré hoy y por eso no tengo pasaje.” Lo quería lacerar con la respuesta. Pero cuando pensé le tiraba un lateral al maxilar, sereno me dijo…”yo estaba en Israel cuando falleció mi madre… es feo, pero ya esta muerto. Llegarás a lo que tenés que llegar: estar con tu familia”.

…y me sentí en paz con su destemplada sabiduría. No hubo lamento, no hubo complacencia… hubo verdad y realidad. Le agradecí sintiendo que todo pasa cómo tiene que pasar.  Al siguiente pueblo me saludó, deseó buena suerte y bajo.

 

 LA MILLA LEJA

Llegada a San Salvador me enteré que el vuelo había salido. Son ciudades pequeñas con una frecuencia al día. Me desesperé. Pensé que tren no había y en bus a Buenos Aires sería más de 12 horas… Tenía que consultar vuelos desde Salta, la provincia vecina. Averigüé salían por la tarde noche y corrí hasta la terminal de micros para sacar un pasaje al Valle de Lerma. De nuevo a correr, a rogar que el camino este bien, que no haya demoras, que no pinche ruedas…Todo semejaba una prueba de postas que me ofrecía una silla de alfileres para descansar. Me dormí ni bien subí al bus y desperté al llegar.

Tal vez el arribar temprano al Valle y saber que tenía tiempo para ir hasta el aeropuerto hiso relajarme. Mantenía a mi familia al tanto de por dónde iba bajando. Cuando los llamé para actualizarlos les agradecí enormemente me hayan comprado un vuelo para las 7 de la tarde. Suspiré como quien tiene algo menos que hacer de una lista interminable. Consulté la distancia entre la ciudad y el aeropuerto de Salta. Me aseguré los horarios del transporte público y me fui a pasear.

A la luz del día, acompañada y sin miedo de ver espíritus, invité a papá a caminar con migo. No hablábamos… no había qué decir. Solo disfrutábamos de sentir nuestra compañía. Creo algún comentario le hice acerca del clima… Cómo agradecimiento a su presencia y para disfrutarlo un poco más, lo invité a una de esas terrazas caras que eligen los turistas en la plaza central. Tenía dinero, el pasaje estaba pago y…quería comer con él. Le indiqué una silla para que se acomode, me senté en frente y pedí un sándwich de jamón crudo en pan francés con manteca y una cerveza en su nombre.

Comí a gusto, sentía gratitud… Miraba esa silla con el amor de estar mirando a sus ojos. Percibí el silencio de sus palabras en mi oído para recodarme: no estas sola, sos mi fortaleza, estoy con tigo…  Satisfecha y en calma, acariciada por el sol que fugaba y entretenida mirando la vida que pasa, pagué y partí al aeropuerto.

 

ULTIMO TRAMO

Era la primer vez en aquella travesía que llegaba a una conexión a tiempo… pero las circunstancias a las que ya estaba acostumbrada fueron consecuentes de principio a fin.

Cuando me acerqué al mostrador a dar mi nombre para abordar, me informaron que estaba hecha la reserva pero no el pago. En menos de una hora salía el vuelo y yo no podía embarcar. Llame a mi casa, llamé a mi hermana, ella llamó a una amiga agente de viajes para solucionarlo y dijeron me llamarían… pero pasaban los minutos y nadie lo hacía…pasaban los minutos y ya estaba el pasaje encima…pasaban los minutos y yo pensaba a qué provincia viajar por la noche para volar de día…pero el teléfono sonó: “ ya esta el ingreso”.

Me acerqué al mostrador y la cuestión dinero estaba resuelta. Me senté en el último asiento de un vuelo que se había demorado esperándome. Pensé…”tenía que tomarlo”… y aunque caía a pedazos no pude dormir. Sabía que al llegar me encontraría con mis hermanos tan hijos como yo, con mi madre tan falible como yo y un padre muerto que estaba vivo cuando me despedí.

En Buenos Aires me esperaba mi hermana junto a unos amigos. No daban los nervios para que ella maneje. El saludo fue correcto, el abrazo brevemente adecuado y el viaje sin palabras…. de eso que todos sabíamos no se hablaría hasta llegar a la intimidad de la casa. Cuando arribamos, subí la escalera de entrada, atravesé el living y aguante hasta la cocina; el corazón del hogar. Allí, como un cuchillo que corta a destajo el alma, como una bolsa de arpillera que se desangra en alfileres: vomité un grito agudo que llenó toda la desolación. Me dejaron chillar, nadie me abrazaba…respetaban mi grito de dolor, mi desgarro, mi llanto ahogado que manaba a destiempo lo que otros ya habían llorado y compartido. Inmediatamente nos fuimos a la capilla ardiente y al verlo le grité “qué me hiciste!!!!?…lo demás…es toda historia de entierros que en ese caso fue cremación.

Pasaron dos meses hasta abril; en el durante…reorganizaciones de clan, puesta en marcha y continuidad de la familia, empalme con nuevos modos consecuencia de la  ausencia, meditación sobre los espacios que no se llenan y una voluntad sin alma de terminar mis finales de Bellas Artes para recibirme “ahora o nunca”. Soldadura, resinas…materiales tóxicos y un continuo de esfuerzo sin descanso que me aplastó luego del final.

Con la familia levemente rearmada, la economía reordenada, el final presentado, aprobado y recibida; esa noche compré para celebrarme una tarta que no comí. A la mañana siguiente ya no podía levantarme… ignoraba que desde Isla del Sol arrastraba una hepatitis cuyos síntomas (por necesidad) mi cabeza tapó. Solo cuando estuvo “todo resuelto, encaminado y cumplido” bajo la sangre de la mente al cuerpo y este al fin los sintió… Se reveló la obra de su libre albedrío presentando un hígado fulminado. Ya no podía filtrar más dolor.

 

Los tres meses posteriores de existir amarillo y vida horizontal intra-muros  fueron drenando la pena hasta agotarla. Quede tan débil como vacía… y recuperé una inocencia que solo sentía gratitud. La vida había sido resignificada por la tragedia y podía sentir la belleza de las gotas de lluvia cuando las atravesaba el sol. Llanto y luz, cuerpo y alma… Tuve que haber vivido todo lo que fue para después morir y con nuevos ojos renacer.

 

Fin

 

[1] Cana: termino del lunfardo argentino que refiere al policía. “Mandar en cana” simboliza “mandar a la cárcel.”

[2] Un “duro”; en España  modo coloquial para referir al dinero. “Hacerse un duro”- hacerse de un dinero.

[3] “Hacer una changa”: trabajo informal con el que se gana “algún” dinero.

[4] Machado: modismo popular argentino: ebrio, borracho  (región NOA)

simple

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…otro camino

 

…sigo teniendo gusto por lo poco y siento…es el gusto mío. gusto por lo visible, sensible y puro. lograr esto me es difícil… por ello hurgo.

 

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da que en el ahora estoy produciendo cambios en mi vida. soy consiente otra etapa inicia y con ella asoma imagen similar pero distinta. para una leve sonrisa sorprendida vi apareció el color… años llevo sin color.

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continúa mi horizontalidad contenedora de líneas activas. me gustan las líneas… pero siento ya esta bien y deben dejar de repetirse. será la vida el color que viene a rompercon esto?

rómpelo por favor.

 

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color y jaula…el camino es largo canario. procuraré ser constante, a otro algo anhelo llegar.

 

DSC07690.jpgme sigue la balsa, el naufragio…y también los horizontes. algo cautivo late por salir.

 

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.

 

 

 

Cosas que me deserotizan de los hombres.

por Petrona Vanal

 

Hola, soy Petrona Vanal y tengo que escribirles sobre lo que me deserotiza de los hombres para que por favor no lo hagan más o se lo piensen antes de acercarse. El martes pasado llegue al colmo. Quedé con un tipo para pasar a buscarlo a la salida de su despacho -sí, pegué abogado trajeado- eran las 18:27 y yo le digo “vamos por una copa”; a lo que me responde: “nooo, no tomé la merienda”.

…hay algo que todo hombre debe saber: a cierta edad ya no se toma merienda. Una conducta de comida homo-adulta es pasarse los horarios, comer cuando se termina de trabajar; abrir con un café a la mañana y estar durante horas sin nada más hasta que paras en el bar para hacer una tapa y una caña. Luego…te cagas de hambre hasta la tarde que te tomas otro café y a lo sumo te comes un bocata y -como si poca acidez ya tuvieras con todo ese desastre alimenticio- a las 19h estas en una barra tomando otra caña, con algo pa picar y te relames por las pastas, el entrecot o la vaca entera que a la noche te vas a comer. Ya sabemos…una alimentación de mierda sin fruta ni verdura fresca que  ya trataremos de emparchar durante la vejez cuando la doña nos arranque el pan, nos tenga a caldo sin sabor y el médico nos llene de pastillas anti-colesteról. Pero un tipo que a los 40 recuerda la merienda es alguien que desde los 20 no ha madurado.    Qué hice ese día?… Nos sentamos en la barra, él pidió un café con leche, dos magdalenas y yo una copa de tinto. Ya no lo escuchaba; mi mirada estaba perdida en cómo remojaba la masa en la taza. Para apurar el tiempo tragué de un trago, puse guita de mi saco y dije “mamá invita”. Y me fui.

…si, ya sé…tal vez lo prejuzgue y bla bla bla…pero no estoy aca para justificarme ni comerme el coco. A mi no me daba ternura tipo grande comiendo magdalenas porque se le paso la merienda. Era una “date”, “an appointmet”….un posible AFFAIRE!!!!!!! Cómo puedo visualizar que me la va a meter alguien a quien miro de traje y corbata en la barra de un lounge torciendo el cuello para comer de costado la magdalena que chorrea café… mi Dió, qué viene después? Follar y llamar a mamá antes de irte a dormir?                           Un “Hombre” tiene una alimentación de mierda y come a cualquier horario. Le entra a la carne, los embutidos y toma café sin azúcar.

Cómo si fuera poco mi descontento, va que voy caminando por la calle y veo a un tipo escupir. Naturalmente me produce rechazo y pienso que es un asqueroso… pero este era directamente un tarado: “SEÑORESSSSS”… un buen escupitajo es como un buen clavado: CONCENTRADO Y SIN SALPICAR A LOS COSTADOS! Qué es eso de escupir con lluvia?! “Si vas a escupir hazlo a lo macho” le dije, “clavala en el ángulo papá!”. Y cogiendo flemas de dónde no tengo algo recolecte, la mezcle con saliva y le dije “a dónde la queres? entre la moto y el árbol? …”pú” y ahí acerté el dardo.                                                                              Me entiendes por qué te lo explico? Porque si solo hubieras escupido serías un cerdo, pero si lo hubieras hecho como corresponde hasta tal vez me hubieras calentado. Pero después de tu spray me di cuenta que sos un soquete y me llevaste a caer en la cuenta de que vengo de abandonar una merienda (NdA: si fuera inglés y me invita a las 5 o´clock a tomar el tíiiii….me encantaría), que los jóvenes futuros “maduritos” usan pantalón chupín y se depilan las cejas mientras veo que el que pasó al lado tuyo usaba un cinturón con hebilla desproporcionadamente grande, el de la vereda de enfrente lleva riñonera y el de más allá esta paseando un caniche mientras escribe mensajes en el celular!!!!!!!!! Dios tragame, volveme puta y mandame al infierno!!!!!!!

 

Bué… ya se me paso un poco lo de ayer. Volví a casa, me puse en bragas -no acaricié a gatos porque no tengo- me puse Flor de Pasión y bailé un poco con movimientos flojos la impresentable selección de temas… Luego me tranquilicé y, una vez más, con mi mirada perdida dije: tengo que ayudar. Tengo que ayudar al hombre y la humanidad. Porque como sigan así, las minas no vamos a revolcarnos más y no vamos a producir hijitos.        Entonces…tomen papel, lápiz y anoten:… si te abrigaste de más y no sabes qué carajo hacer con tu sueter TE LO LLEVAS EN LA MANO! Nunca anudado a la cintura que tapar el culo es de adolescente PERO JAMÁS DE LOS JAMASES anudado al cuello: qué no es una capa, ni tu Superman y quedas como el pelele del Ken, el novio de la Barby! Y sino tío…pues te cagas de frío esa noche y sales con ná! Siguiente…

 

Puedes ser… robusto, tener fisonomía grande, musculado (o sea: no me estoy refiriendo a gordura, sino a tipos de contextura “sólida”) etc… estar natural o asquerosamente muy marcado (esto deserotiza hasta a una cabra en celo) pero nada justifica que uses ropa apretada que marque el bulto y a los costados haga rayas. Para rematar el mal gusto y desacierto que esos playmobils suelen tener, te pido de rodillas: si ya has blasfemado usando remera cuello en “V” y tu pantalón marca tu culo como si tuvieras Pampers; por favor, nome congeles “la ranita” llevando una crestita gelosa en la cabeza… Por dió! Eres una gallina que cacarea o un reptil que se arrastra??? Alguien me puede explicar a qué obedece este electro-shok capilar que solo le quedaba bien a Bekjam? Me pregunto si tomarán viagra? Porque como para la mitología el pelo era en Sanson simbólico de fuerza, apuntalarlo “con ayudita” habla de algún tipo de impotencia en la vida. Que esta bien, que no pasa ná… hasta yo a veces siento que no puedo. Pero ese día a lo sumo me deprimo o me enchincho; pero no uso ningún atrezzo para darme más altura de la que tengo.

Me levanto a la mañana, giro la cabeza. Lo veo ahí recién despierto, fresco, aún algo babeado en la almohada…me dá ternura. Lo miré con cara de “pobre, espero que no se sienta mal por el impotente rendimiento de ayer. Seguro la próxima será mejor”… Le doy un beso cerrado, sin abrir los labios -aún no había dientes lavados- y veo a su culo irse para el baño para iniciar el matutino aseo. Vuelvo a dar vuelta mi rostro y lo apoyo sobre la limpia y acolchada almohada blanca. Todo parecía “perfecto y perdonado…” hasta que escuché el motor. Shhhhhhhhhhhshhhhhhhhh… el muy poco energético usaba cepillo de dientes eléctrico!!! Vagancia, ni fuerza en los brazos!!!!! Adivine el siguiente paso: este no tiene huevos para la hoja de afeitar, seguro que en vez de la Guillete saca la Braun. Y ahí lo entendí todo…sus modos encantadores, delicados, “conocedores de seducción”, me impidieron ver la gordura algo delgada o delgadez fofa de su musculatura; débil pelo fino y su culo medio metido para adentro en la parte baja de las nalgas. Todo evidenciaba que le faltaba fuerza. Admito: fue mi disposición al deslumbramiento por el tipo que viste un buen traje, tiene un auto masculino y pide buenos vinos. Pero… una vez más me quedo con el mecánico de camión, que toma vino Termidor y no pasa papelón.

Una vez un tío me invitó a comer jamón y yo le dije…”venite a casa, traete un tinto que te preparo un salmón”. Estuvo bien, trajo dos..pero uno era de oferta del super de abajo…eso no se hace; resta clase. Yo había comprado y preparado un salmón salvaje de Alaska; me la jugué y desembolse. Lo serví con un poco de limón y ciboulette. A lo cual al verlo añadió: no tienes mayonesa? “NO, en mi cocina no somos “mersa”. Le saque el plato y le serví una lata de atún en aceite de girasol que me quedó de un gato que alguna vez cuidé y como no mime saltó del balcón.                                                                                            Mayonesa solo para los bocadillos en desesperante caso de no haber manteca, aceite de oliva o alioli. Es absolutamente desagradable ver cómo pastean con grasa en la boca lo que luego irá a las venas. No se puede ser tan barato! Y si se es… hay que disimularlo!!! Mayonesa al salmón! por dió! Ese sí que no sabía comer. Me expliqué lo del vino, lo guardé para sangría y me dije por las dudas no comprar tanto pescado y sí más lata para gatos.  No soy de mirar los pies -mal, los pies dan indicios de si uno “esta bien o mal plantado”- y al hacerlo noté que llevaba en invierno zapatos naúticos sin medias… evidentemente si tenes frío en los pies lo tenes en la cabeza!

La que viene ahora es de un hombre con el que no salí porque mientras lo miraba pensaba “nunca estaría con él”. A los 40 y pico que le daba, notaba tenía todo el brazo coloridamente tatuado desde hacía nada. Un hombre que a los 40 se cubre de tinta esta mostrando que no le gusta estar en su piel y se tapa para disimular “el fato”… porque si lo vieras tal cual…mamita, a que sales corriendo. Por lo tanto son tíos que desestabilizan; pagan la imagen que quieren mostrar porque por lo general invierten en pilcha, auto, gimnasio… gel…… y en algún momento ya un poco cansados de mantener, sale lo que tapan y te dejan a cuadros. Ahí descubres lo que hay bajo la tinta.  Ahora que me lo pienso, asocio los brazos con la protección, con “dónde se lleva el escudo”… estos tipos se deven sentir atacados y buscan defenderse. Pensátelo dos veces: o es un niño que busca protección o un tipo que se mando tantas cagadas que esta a la defensiva y es imposible dialogar sin que te eche la culpa  (NdA 2: voy a hacer una entrada sobre la enfermedad de tatuarse todo el cuerpo, esta patología da para laaargo). Retomo…el tema es que si no me gustaba, lo mandé al tacho cuando vi que al querer salir por la puerta del restaurante viniendo una mujer para entrar; en vez de dejarla pasar -pienso a esta altura sería mucho pensar “le abriría la puerta”- pasó primero sin siquiera sostenerle la puerta cerrándole esta en la cara. Miraaaaa “aspirante a porno-star”: puedo aguantar que me vean con bolsas y no me digan de cargarlas… no pasa ná. Las cholas y las kikuyu lo hacen culturalmente y con elegancia… pero en Europa occidental, en mi barrio y ante toda falda, tacos o curvas con cara abrir la puerta es como la mano que frota la lámpara… produce magia! Y en todos los lados de la humanidad es de gustosa cordialidad dejar “al otro pasar”; sea taco, macho, muchacho, mozalvete, esclavo, lagarto… Tipos cómo este se merecen salir con objetos de purpurina ciliconada!

 

He dejado para lo último algo con lo que no voy a dar muchas vueltas y decir directamente. Creo es lo que más perturba y enloquece: me deserotiza completamente los hombres que manejan mal. Siendo tan fálico el auto para los tipos, siendo tan instrumento para “medir su potencial ante los demás”; siento que el hombre que no sabe manejar su coche no sabe manejar su palanca, no sabe ir por curvas y por lo tanto sería un desastre en la cama… El hombre que no sabe manejar es como la mujer que no sabe cocinar: algo le falta, punto!

Me tengo a Mi

Nadie me puede sacar la escritura…es lo único que tengo. Nadie -solo el cansancio- puede meterse entre yo y mi mesa, entre mi cuaderno y pluma.                                                          Nadie puede sacarme “Mi Escritura” que en estos momentos de tormenta desierta es única compañía. Es mía…más mía que las flores del huerto que añoro cuidar de la tierra que no poseo; o la obra de arte que fantaseo y nunca hice por falta de voluntad… o como el niño que andrajoso y revoltoso veo con desdicha y amor comer el único pan con leche que le podría dar.                                                                                                                            Nadie me puede sacar la escritura. Es mía y así seguirá siendo. Qué sería si me quitasen el lápiz y papel?  Tal vez hablaría o por ahogo de mis manos gritaría semejante a quien loca sin contemplación desgarra. Tal vez ni tomase conciencia del acto y en la calle comenzaría a decir sonidos como quien amasa panes, cuelga la ropa, dobla camisas o escribe a máquina.

Imaginé, fantaseé mucho en la vida al punto de que hoy no tengo nada… solo a mi y a la escritura. Y la tengo porque es muy sencilla: un papel -que incluso puede ser suelto o encuadernado- y algo que tras su paso deje en el surco rastro. La palabra con su sentido capturado por la tinta es como la pisada del andante. La hoja la geografía del camino y las oraciones atajos o senderos que llevan a destino incierto.                                                Un paso va tras otro paso como las letras tras las letras. Puedo escribir como máquina y decir “el sol sale a las 7h, se opone a las 19h. A las 9h se come, a las 13h se almuerza, 17h merienda, 21h frugal cena. 22h a dormir. Mañana igual… “, o puedo escribir cómo les comentaba: no se qué será de mi, solo soy incertidumbre con palabras.

La escritura nadie me la puede sacar…algo mejor: yo no puedo perderla. De mi depende cuidarla, alimentarla, darle el aire que respira y a cambio… me da compañía. Es con quien cuento, llamo, y acerco a su lado. Y siempre allí ella tan solo serena me mira. Nunca sentí la incomode con mis idas y vueltas.                                                                        La escritura es mía. Es mi niña y entre ambas nos damos apoyo y abrazamos en lo que muchas veces es un entorno de paredes blancas, sin plantas y frías. Yo simplemente le cuento mis cuentos, mi pensamientos en voz alta y hasta le comparto mi veta obsesiva que por espantosa procuro no dejar salir demasiado… creo además de aceptarme siente piedad por mi… es mi única fiel compañía. Cuándo algo me pasa es en quien primero pienso para contarle. De mi lo sabe todo por no ocultarle nada…No sé hasta qué punto es consciente pero… me desgarraría si alguna vez se aleja. Incluso sé que puedo llamarla y vendrá si estoy necesitada. Más no puede cuidarme; solo ayudar a calmar dolores que una vez repuestos serán charlas más animadas. Soy yo paciente y ella terapia…el escabullir de mis fantasmas mentales que -ebrios vagabundos insistentes-  vuelta a vuelta caen al portal de mi morada…

… percibo sus cercanías antes de golpear la puerta y me atemorizo previo a su arribo. Ya los conozco y se sus modos… Me agacho tras la barra porque no quiero verlos. Mi cuerpo que percibe sus vibraciones se escalofría, retuerce el vientre y agudiza el oído desesperado de ansiedad con temor. Sé están cerca y estrujo los párpados a la espera de su patada en la puerta… los tengo dentro.                                                                                     Al hacerlo miran sin ver a los lados…siempre tan brutos y mareados. Me pregunto por qué no me defienden los pensamientos sabios… Tan elevados en sus “días de sol”, en estos momentos siempre están flacos, mojados… agachan cabezas y fugan mirada en sus vasos. Sienten vergüenza por no haber tenido la fuerza de mantener el equilibrio de la sala en la azotea. Cobardes! Otra vez más me han abandonado!.

Los forasteros pestilentes  toman asiento. Sé me toca salir a atenderlos, no puedo ignorarlos. Con Miedo, mucho Miedo  -arrastrada Emoción traicionera, sombra de los fantasmas dónde vayan- tras la barra enderezo mis rodillas para erguir mis piernas. Voy hasta su tabla y tomo el pedido de la mesa… por sus dientes salpican gotas al hablar entre labios volcados que babean. Los desprecio y lo saben… Saben que su lazarillo Miedo se me ha pegado manteniéndome gacha.                                                                Regreso a mi puesto y con bronca preparo su pedido. Me aplasto bajo el desprecio a mi misma por seguir dándoles cabida. Luego de servirles me siento en una silla semi-distante. Mi columna atornilla la espalda al respaldo y pone las rodillas juntas plegando piernas en perfectos 90º. Inclino la cabeza en el ángulo de la culpa media y mis ojos miran fijo a un vacío que solo escucha palabras que de la mente se cuelan. Es… una tortura rugiente que me azota la cabeza. Mis codos están pegados a la cintura y mis manos juntas sobre el pubis…como incubando…como animando la venganza que se gesta y crece en malestar que se desatará.                                                                                              La indecisión polar entre acción-inacción, bien y mal; es una corona de denso humo gris rededor mi cien que solo ronda la tapa que cubre al pensamiento… porque mis ojos pueden ver claro que a esos fantasmas no quiero; que cual alpiste a los pájaros me tiran miedo; barato miedo como emoción exagerada de arrastrada actriz teatralera, conventillera, pintarrajeada y deseosa de escena. Y entonces estoy ahí entre la realidad, los Miedos, mi cabeza, lo que ven mis ojos; los pensamientos sanos y mis fuerzas… Me enfermo cráneo adentro. Vago llorando y pido socorro de abrazos. Mas no…ya estoy grande, ya no toca…ya nadie se apiada al verme tropezar siempre con las mismas rocas. Mi fondo es oscuro, falto de claridad y necesitado de luz. Tengo que salirme de allí, de mi cabeza… y vivir.

Entonces en estos momentos también me encuentro con escritura…y a más me calmo y sereno. Menos ahogada, procuramos alistar los pensamientos para traspasándolos llegar a la habitación tras los miedos… Ahí siempre encontramos juguetes rotos, escenas repetidas que siempre recuerdo olvidar… pero nuevamente al verlas se debilitan. Tranquila…ya hemos pasado… es lo mismo “aún” un poco irresuelto.                                Dejamos la puerta abierta para que salgan o el sol entre y les eche luz. Cómo veladas, y ya gastados los estruendos de su llegada; semi-sobrios asumen los re-desnude y vi mi auto-estafa… ya no les temo.                                                                                                          Bajo el alero de la galería de entrada a mi estancia, veo salen entrecerrando los ojos al darle el sol en las rajas. Ya no estoy sumisa a sus antojos… pero tampoco mi postura es desafiante. Tristemente para mi -animosamente para ellos- sabemos volveremos a vernos; que golpearán a mi puerta con una patada que tajará la calma y depositarán asfixia en el aire rondante…que yo iré triste y sin alma a llevarles sus cervezas y volveré a mi silla con postura tiesa mientras mi cabeza derrama la destrucción, construcción, liberación… Pero por suerte, una vez más, se han ido…siempre pido pierdan el camino y nunca más sepan volver.                                                                                                                      Luego a Calma y Certeza las observo con resquemor. Tras esa seca expresión hay una tristeza de llanto ahogado que les suplica “alguna vez reaccionen” y pregunta cuándo cogerán suficiente fuerza para rendirse solo ante Amor, Alegría y Entusiasmo… Siento tener un ejército compuesto, pero es flaco y alocado… les falta confianza para eficientemente defender mi azotea.

…de momento solo escritura me acompaña. Con estos agobios que no trago procuro no golpear puertas; cada uno tiene los propios… Pero al menos por la letra los comparto para recordar “no estamos solos”;  que fantasmas y monstruos tenemos todos al igual que sol dando en las ventanas de la propia casa: uno… siempre Uno.

La locataria

 

Mi nacimiento no estuvo mal. Si bien no fue en cuna de oro tampoco de paja; más bien diría en plata de calidad. Siempre tuvimos más de lo que se necesitaba para vivir. El punto puntual es que todo había sido conseguido con el trabajo y esfuerzo del lomo de mi padre y eso lo sabíamos. La plata no venía de los árboles.                                                  Nos enseñaron a ahorrar, no derrochar ni fanfarronear. Así que…fui a colegio ingles, jugué años al hockey, pasé inviernos en la nieve y veranos en playa o montaña. Siempre tuvimos coches -el grande y el chico-, ortodoncia, idiomas, zapatos varios, alimentación equilibrada, médicos homeópatas, psicopedagogos y psicólogos tempranos…y desde pequeña acuné la sensación de que si te dormís en los laureles el dinero hace hijos bobos. Los padres por amor lo facilitarán todo, frecuentemente procurando “dar lo que ellos no tuvieron”…sin ser muy consientes te adoban a fuego lento tiernito como la carne de un guiso. Te comerán fácil.                                                                                                         Mi contraprestación estaba a tono, hacía las cosas bien en lo que tocaba a mis roles. Era aplicada, hablaba idiomas, hacía deporte y me mantenía flaca a fuerza de bulimia -como tocaba. Me expresaba con madurez,  movía con soltura en lo intelectual y ambientes adultos. También  renunciaba sucesivamente a todo trabajo tras ataques de pánico. Hasta que inicié el propio.

Trabajé a destajo para justificar el dejar una gran empresa. De domingo a domingo de 5 a.m. a la hora que sea. Era feliz a medida que veía el dinero me entraba y sentía que “podía”: “podía demostrarle económicamente a mi madre que también podía tener mi importancia sin ir de título”. Elegir la vida del trabajador independiente y no vestirme pacata para sentarme en un escritorio. Bueno…eran las mismas cosas de las que “yo” tenía que convencerme a mi. Me sentía sola, mis puntos de vista y acciones no eran los convencionales de mi edad. Tenía una encrucijada mental entre mi sentir, el deber ser… vivía confundida en cuanto a valores, dinero y estima.

El tema no terminaba en mis renuncias, independencias, arriesgues etc… Económicamente crecía pero la estructura física dónde funcionaba mi taller era la casa de mis padres. No pagaba alquiler, luz, depósito etc… también seguía comiendo de su comida y cuando quería dormía en mi habitación del hogar familiar. Usaba su té para  infusiones y su aceite para las ensaladas…de varios modos la independencia no estaba lograda. Yo sentía que el culo todavía lo tenía protegido y deseaba “vivir con el culo al aire para ver si por capacidad propia podía volver a tapármelo”.

Entonces vendí todo, cerré el taller, mi habitación y viajé.

 

Si siempre me había detenido a observar a las personas en sus tratos y comportamientos, comencé como nunca antes a ponerme tras el cristal. “Yo” -cual Kafka en su metamorfosis- sería “clase c”. “Yo”, quien antes se sentase en vestidas mesas, pidiese un entrante, un segundo, un vino, un postre y dejase a su padre pagar sin mirar la cuenta y viese dar propinas de botellas enteras; pasaba a atender a estos hombres en el mejor de los casos pero en tantos otros a quienes lo pretendían y en su afán de aparentar cargarse la educación misma… Mis ojos -que vivieron lo auténtico- comenzaban a desnudar cáscaras que al poco de rascar descubrían huesitos temblantes de frío.                              Del “otro lado”, pasando a ser “de servicio”; sumé conocimiento de la hasta entonces desconocida margen opuesta… Así me refería con distancia y me veía como una trabajadora encubierta de la otra tierra… hasta que me vi mucho tiempo ahí dentro y asumí que no era visitante, yo era integrante de la margen misma.                                Tanto a los que están a uno u otro lado, veces dan ganas de gritarles cómo son las cosas desde el opuesto…  Ahora siento la ventaja de saber jugar en ambos campos…pero lo satisfactorio es cuando borro la separación y me veo a mi plural y libre de pertenencia.

Nunca había limpiado baños ajenos ni vendido comida en la calle. Tampoco sido camarera y tenido tanto dolor de piernas por caminar sin parar. De coleccionar vinos en “la casa de la familia” había pasado a comprarme de cartón cuando la economía lo permitía. De jamás pedir ayuda y exponer un desmedido orgullo de “Yo puedo sola” pasé a aceptar por necesidad y urgencia todo lo que me daban.

Como primera salida elegí Cuba. Creo quise recuperar el tiempo perdido como culo pomposo y sin escala irme a un extremo. Sabía no iría ni a la playa ni al all-inclusive.  Ni sexo, ni ron, ni guevaras, ni agua azulada; buscaba otra visión del existir.                          Al inicio me dejaba pasmada ver cómo tantos visitantes se personificaban comprándose un Habana clásico, un puro y ron cañero que ni podían tragar. Todo era reproducir el personaje que tocaba al lugar. Veía cómo las mujeres se calzaban tacos en la arena, soleras galanas y carteras de marca para caminar “con lujo” frente a hembras de ropa agotada. Veía cómo quienes podían tomar cocktels y comer carne todos los días gritaban “viva Cuba” frente a quienes vivían las injusticias de ese régimen tan loado y pintoresco para quien no lo padece… De algún modo me veía a mi en ellos -los turistas-;  incluso a muchos conocidos, parientes, amigos etc que habían viajado a Cuba y pensaban conocerlo por haber estado en sus playas, escuchado el cañón del Morro, visitado la Bodeguita y tomar mojito en la barra de una piscina… Mentiras de plástico, un “conocimiento” de utilería.

 

En aquel entonces surgió en mi un progresivo espanto al consumo y las imágenes vacuas. De sentirme menos frente a divismos y exuberancias;  comencé a entrever lo vulgar, actuado y las tapaderas de miseria. Comenzaba a deconstruir imágenes y rascar hasta la verdad que conscientemente se camufla e inconscientemente se fuga… Lo analizaba todo; me volví una psicópata muda de sonrisa suave para poner tragos y servir mesas. Cada vez que me acercaba los observaba, los media, los desgranaba… Nadie sabía el desguace mental que estaba haciendo de su habla, caminar, comer, reír, posar, vestir…  Era como ver cuadros dentro de cuadros: al lado de la vieja de sombrero de ala, bijou dorada y piel cuarteada de tanto sol, veía su reflejo de pobreza raquítica de amor; al hombre portando grandes logos de marca, tratar de darle un handicap más alto a su sentimiento de inferioridad….y así fui siguiendo hasta notar que quién seguro esta habla poco, viste sencillo, come lo necesario y sonríe sin hablar … y del rechazo a la exuberancia pase a la fascinación “del casi nada”.

Ya había vivido patrañas en el país de mi casa pero ahora me había salido para encontrarlas y descubrirlas a gran escala…o mejor dicho: ver que existen en todos lados por ser “propias de la condición humana”. Me calme, mis paisanos no eran los únicos boludos y si los ingleses “eran pulidos” yo también podía aprender. Y si bien era occidental, mi Ser a Oriente podría abrazar.

 

Seguí viajando por caribe y algo más de América. Antes había conocido mi país, su periferia y tan agradecida como un poco cansada de la impronta selvática, madre tierra / hippie/ artesana; lista para cruzar el charco volé a Barcelona vía Roma…En todos  sitios trabajé. En Finlandia y Alemania estudié…tras buscarme la vida entre mesas y luego de juntar títulos, aplausos, exposiciones y experiencias solté bandera y creencias. Deje de mirar a quienes criticaba…me di cuenta que en esto no habría valor en mis reflexiones y comencé a ver a los Seres del lugar. El habitué, el paisano, el viajero que se mimetiza, el silencioso, el sabio, “el uno más”, los nadies y los que son realmente grandes. Ya no me atraía el criticar a las lucesitas de colores y sí el contemplar “los fuegos”.

 

Me costó hacer pié al saltar sin red. Mi preocupación era pagar el alquiler y mantenerme sana; no enfermarme o dañarme porque no habría quien me busque en el hospital o sirviese un té si me sentía mal. Si bien la perspectiva de mi vida cambió cuando me ubiqué al otro lado…  lo radical fue cuando le quité el cristal: lo que para mi estaba resuelto comenzaba a confundir a otros. Cuando dejé de ponerme en “servicio/ cliente”,  “sudaca/europea”, “titulada/licenciada/curtida en la vida etc…” y comencé a ser Una misma naturalidad… note se desconcertaban con migo. Desde “el afuera” me colocaban en los lugares que había dejado.  Pero aprendí a quebrar la barrera ajena. Todos sabemos “hablar de entre-casa” y la persona que marca distancia cuando le haces un mimo se ablanda. Cierto que están los que no te lo inspiran y cuando es así…sano es aceptar y dejarlo pasar.Punto.                                                                                                            Cuando eliminé las líneas que por defecto todos trazamos…comencé a divertirme saltando de un charco a otro con la agilidad de un sapo-besado-doncella incorrecta. Desde entonces puedo cortar y pinchar con el cuchillo y eructar con olor a Champagne, atender a gente toda ataviada y percibir la antigüedad de su plata, ver cómo se sientan las parejas y notar si hay engaño, hartazgo, amor o indiferencia; tomar comandas e identificar al ansioso, el agresivo, la envidiosa o sensata. Los observo y percibo si lo visto es natural o creado…así me divierto en silencio admirando al desnudo o quitando el disfraz al personajes en busca de lo que tapa.

Confieso me han dado ganas de decir  “tras la persona que sirve tu mesa hay una millonaria que hereda”…al rato siempre me dije tener que vencer ese pensamiento; que era un eco de falsa seguridad de mi ego…porque no soy ni camarera, ni heredera, ni puerto riqueña, ni alemana, ni argentina, ni española. Ni licenciada, ni técnica… ni propietaria, ni de alquiler, ni de plata ni de poca… Al tiempo de viajar, de irme; me di cuenta que el perfeccionar mis estudios sería el saber más flaco que adquiriría comparado a los que llegan cuando uno se detiene a mirar la vida. El auténtico crecimiento estuvo en el despertar de la sabiduría que hay en mi y que todo ser posee…despierta o aún dormida.                                                                                                    Me he esmerado en trabajar y soltar cargas que cargaba y acostumbrada a su peso no reconocía como tal. Pensaba…estaba mal alejarse de la familia, “no defender a la patria”, cuestionar enseñanzas, puntos de vista, bañarme desnuda en la playa, vestirme sin sujetador, bajar a comprar con el camisón, caminar descalza por la vereda, pagar el tren al bajar, deber por no tener cambio y dejar “para la próxima vez”, guardar la comida en la nevera del vecino por no tener propia, dormir de a cuatro en una cama, trabajar los domingos, decidir pasar sola año nuevo y no celebrar pascuas; que no me cause pena aquello por lo que se lamenta mi madre ni tener presente la distancia. Reconocer y dejar pasar las palabras surgidas de la ignorancia y observar las mías para callar si van a ser vacías.

En todos estos años me he dedicado al desarme de mis carentes creencias y a ninguna construcción… Solo sacar, despojar para así llegar a la esencia. A medida que me acerco a esa pureza originaria tengo menos pensamientos y logro escuchar respuestas. De mis pieles barreras cada vez menos queda y los pétalos que me cubren son tan suaves que fluyen mejor por bosques y calles. De la avalancha de palabras dichas y pensadas a la mayoría despedí de mi boca diciendo que ahora sería locataria de silencios.

soltarlo todo

me di cuenta que nada controlo…me di cuenta que nada puedo controlar. Y cuanto más lo intento -o lo intenté- más dura me puse y más se fue cerrando mi vida. Puedo elegir el camino, “ponerme” un objetivo y en consecuencia la dirección…pero todo lo que salga a mi encuentro, lo que haya en la “tierra del medio” no depende de mi. Tengo que entregarlo; es el campo en el que juega la vida. Solo puedo elegir la dirección, pero no los vientos.

Estoy soltando todo. Deje ir…de primera no por madurez, sino por cansancio. Me di cuenta que no podía a la vez…de cuánto me estaba aferrando a tratar de mantener las cosas como eran hasta ese momento. Mi reacción fue llorar, lamentar, putear, sentirme jodida…Todo manifestaba mi rechazo a lo que estaba – y aún esta- pasando. Era un no aceptar. Una energía de oposición que sale a chocar a los hechos y pierde contra la fuerza de la realidad… es como querer desplazar un muro con la espalda: agota.

Y en algún momento que ya no recuerdo de ese malestar agobiante al que daba rienda suelta… solté. Dejé que todo vaya estallándose en cristales sorbidos por el infinito para que la vida siga su curso. Tomé conciencia de que de mí nada depende de “pe a pa”, “de principio a fin”. Solo soy jugadora que hace pases o sortea obstáculos en las situaciones que la vida le pone.

Quedé muy debilitada. Sentía todo se desmoronaba a la vez. Mis manos abiertas no daban abasto para atajar la estantería que se caía. Cuando me mire desde fuera y note que no tenía la capacidad, descanse mis brazos y detuve a ver el derrumbe… A los días dejé el resentido “que se vaya al carajo”. Me calmé. Levantaba la vista como podía: con agotamiento; consiente que con la poca energía que me quedaba y lo engañoso de las emociones que suben y bajan, no estaba en condición de tomar desiciones. Desde entonces estoy cómo detenida, expectante. Dando el tiempo a la vida para aplacar el polvo por la movida de escenario hasta que me presente el nuevo tablero de juego. Cuando el aire este limpio y vea claro, en ese momento tocará incorporarme y comenzar a caminarlo decidiendo mis pasos… pero será sorpresa la prenda que me colocó en cada baldosa. De momento observo como mueve todo y dispone las fichas.

Incluso estoy soltando aquello que el solo pensar me reporta una carga presente o  futura. En este momento en que no me interesa agarrar nada y nada impido, es en el que mi sentimiento esta siendo considerado por mi decisión… cómo si la cabeza hubiera cedido… avergonzada de su abuso y camino mal destino.                                                            Sí, es como un momento poco serio de mi vida en que permito “el niño sentimiento” sea escuchado, se le haga caso… e incluso guíe. Soy consiente de mi idiotez y de cuantas terapias, clases, consultas etc…he hecho para “sentir” y siempre que “sentí” lo anule.  Fue miedo al cambio…a no saber en el ahora qué color vendría después. El pensar que CONTROLABA -que todo dependía de mi- era un peso al que me agarraba para hacerme sentir firme. Y eso era… una firmeza nada dócil que se quiebra cuando la tierra tiembla. Así ocurrió y por rechazo al acontecer estallé en llanto viendo que la seguridad que creía tener era una fantasía construida y puesta frente a mis ojos por mi misma.

Hay más… En lo que en estos días dude decidir: “zas”; algún acontecimiento decidió por mi. Siento que la vida manda cosas y da un tiempo para que resolvamos sobre estas. El primer signo sobre la orientación “sabia” de la decisión es lo que sentimos. Personalmente suelo embadurnar esto con temores, dudas, postergaciones y así lo hecho a perder. Ese tiempo que la vida me da por tema es como un reloj de arena. Cuando se  acaba decide ella por mi y lo hace sin vueltas, tajante. Y todo lo que no se transformó  orgánicamente consecuente a desiciones cambia de golpe. Queda un campo de batalla vacío y arrasado. La nada resultante es de segundos; antecede al re-acomodo y es espacio libre necesario para que el próximo acontecer se emplace en él.

La vida tiene su vocabulario para indicar si sí o si no. Las cosas fluyen o no fluyen. Si deven continuar, los sucesos se encausan; sino: se estancan… Cuando necesitamos algo que es debido a un propósito que Ella dispone debemos vivir, nos encontramos “de casualidad“, todos con quien hablamos se conocen, solo queda de la talla “que necesitamos“, de todos los días de lluvia “justo aquel paro” o “entraste a un sitio en el momento en que la otra persona salía”. Los avisos y hechos son como esferas que la vida va poniendo en el camino, como minándolo… Al principio son estallidos sutiles, repiques suaves… como un toque leve “para ver si nos damos cuenta”. Todas avisan “por aquí no”… Si pasamos de largo, las sucesivas detonaciones van siendo más estruendosas… hasta llegar el momento que por no haberlas atendido todo se desploma por acumulación. Lo que podría haberse solucionado con su debido “párate y arreglo”; habrá  que dedicarle tanto más tiempo en componer, sanar, recuperar fuerzas y recomenzar… En esos momentos es cuando recuerdo la primer “mala impresión que tuve al respecto” y lamento -sobre la leche derramada- no haber sido fiel a mi instinto.  Siempre procuro lo mismo: no traicionarme más. Así y todo, absolutamente capaz de tropezar mil veces con la misma piedra…llegado el momento muchas veces lo desestimo.

 

Al pasar parte del torbellino y ya mas clama; siento todo ha sido debido, todo sucederá y otra cosa llegará. La vida es constante: quita lo que ya hemos gastado para traer lo nuevo que debemos probar.                                                                                                                 Acepto con los ojos abiertos y la mirada franca vivir todo lo que me toque vivir. Espero, procuraré…hacer solo “las concesiones necesarias” a la mente para mantenerme con sabiduría y salud por los caminos. Y pido, eternamente, confiar en esta vida.

 

Amén.

 

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